/ domingo 21 de julio de 2024

Las lluvias de verano: Tiempo de reforestar en la sierra

Con la llegada del período normal de lluvias de verano en la sierra, se presentan las condiciones necesarias de humedad en el suelo para iniciar los trabajos de reforestación y con ello tratar de recuperar las áreas de bosque que se han perdido por diferentes causas. Esta es una tarea que quizá parezca sencilla, pero desde luego no es así, como aquí lo veremos.

En México seguimos perdiendo año con año superficie de vegetación forestal. De acuerdo con el informe más actualizado de la Conafor, en el período de 2018 al 2022 se ha tenido una deforestación bruta promedio de 188,297 hectáreas por año. Además de la superficie que se deforesta para destinarla de forma permanente a otros usos, tenemos áreas forestales en las que se presenta otro problema, que es la degradación, la cual no está contabilizada en estas cifras.

La degradación ocurre cuando se presentan eventos como incendios, plagas y enfermedades o tala clandestina, principalmente, que causan afectaciones en mayor o menor grado en la estructura, composición o densidad del arbolado, dependiendo de la intensidad con que ocurren, llegando en muchos casos a perder la totalidad de la masa arbolada. Estas superficies degradadas es posible recuperarlas nuevamente a través de la reforestación. Reforestar un área puede parecer una tarea sencilla, solo plantar los árboles; sin embargo, lograrlo con éxito requiere de todo un proceso muy cuidadoso de planeación, ejecución y seguimiento.

El proceso de reforestación inicia con la selección de las especies a plantar. Cuando estamos hablando de reforestar áreas degradadas y no de establecer plantaciones forestales comerciales, que esas llevan otro objetivo y se realizan en terrenos distintos, es recomendable identificar qué especies se tenían originalmente en ese terreno. Las especies que se han establecido de forma natural en un bosque, son precisamente aquellas que ya están adaptadas a ese ecosistema y por lo tanto, son las más recomendables a utilizar. Muchos fracasos en trabajos de reforestación, han ocurrido por la selección inadecuada de las especies a plantar.

El siguiente paso es producir las plantas. Para ello es necesario primero localizar en el bosque árboles de buena calidad genética de la especie a producir, de los cuales se colectará la semilla. El siguiente paso es la producción de la planta. Para ello se requiere contar con viveros construidos con el equipamiento y la tecnología apropiados para producir plantas de buena calidad. Además, utilizar procesos muy cuidadosos de preparación del sustrato, elaboración del plan de riegos, la utilización adecuada y a tiempo de los fertilizantes, insecticidas o fungicidas apropiados y otras actividades adicionales de mantenimiento. Cuando todo esto se hace de forma correcta, se logra contar con plantas sanas y vigorosas, que deberán soportar las condiciones naturales a las que se enfrentarán en el terreno en el que serán plantadas.

Lo siguiente es preparar el área a reforestar; esto implica la limpieza y la preparación del sitio con diferentes tipos de prácticas; luego plantar los árboles, cuidando que el personal esté debidamente capacitado para ello. Es muy importante, además, definir la densidad a plantar, tomando en consideración la tasa de crecimiento o desarrollo de la especie y un porcentaje estimado de mortandad, todo ello para asegurar el establecimiento de un nuevo bosque. Como vemos, lograr una reforestación exitosa no es tarea fácil.

Cabría ahora preguntarnos si actualmente se destinan los suficientes recursos, y si se cuenta con la infraestructura y organización necesarias para asegurar la restauración de todas aquellas áreas que cada año se degradan por incendios, plagas o tala clandestina. Este tema lo analizaremos en la siguiente entrega.

oestradam81@hotmail.com

Con la llegada del período normal de lluvias de verano en la sierra, se presentan las condiciones necesarias de humedad en el suelo para iniciar los trabajos de reforestación y con ello tratar de recuperar las áreas de bosque que se han perdido por diferentes causas. Esta es una tarea que quizá parezca sencilla, pero desde luego no es así, como aquí lo veremos.

En México seguimos perdiendo año con año superficie de vegetación forestal. De acuerdo con el informe más actualizado de la Conafor, en el período de 2018 al 2022 se ha tenido una deforestación bruta promedio de 188,297 hectáreas por año. Además de la superficie que se deforesta para destinarla de forma permanente a otros usos, tenemos áreas forestales en las que se presenta otro problema, que es la degradación, la cual no está contabilizada en estas cifras.

La degradación ocurre cuando se presentan eventos como incendios, plagas y enfermedades o tala clandestina, principalmente, que causan afectaciones en mayor o menor grado en la estructura, composición o densidad del arbolado, dependiendo de la intensidad con que ocurren, llegando en muchos casos a perder la totalidad de la masa arbolada. Estas superficies degradadas es posible recuperarlas nuevamente a través de la reforestación. Reforestar un área puede parecer una tarea sencilla, solo plantar los árboles; sin embargo, lograrlo con éxito requiere de todo un proceso muy cuidadoso de planeación, ejecución y seguimiento.

El proceso de reforestación inicia con la selección de las especies a plantar. Cuando estamos hablando de reforestar áreas degradadas y no de establecer plantaciones forestales comerciales, que esas llevan otro objetivo y se realizan en terrenos distintos, es recomendable identificar qué especies se tenían originalmente en ese terreno. Las especies que se han establecido de forma natural en un bosque, son precisamente aquellas que ya están adaptadas a ese ecosistema y por lo tanto, son las más recomendables a utilizar. Muchos fracasos en trabajos de reforestación, han ocurrido por la selección inadecuada de las especies a plantar.

El siguiente paso es producir las plantas. Para ello es necesario primero localizar en el bosque árboles de buena calidad genética de la especie a producir, de los cuales se colectará la semilla. El siguiente paso es la producción de la planta. Para ello se requiere contar con viveros construidos con el equipamiento y la tecnología apropiados para producir plantas de buena calidad. Además, utilizar procesos muy cuidadosos de preparación del sustrato, elaboración del plan de riegos, la utilización adecuada y a tiempo de los fertilizantes, insecticidas o fungicidas apropiados y otras actividades adicionales de mantenimiento. Cuando todo esto se hace de forma correcta, se logra contar con plantas sanas y vigorosas, que deberán soportar las condiciones naturales a las que se enfrentarán en el terreno en el que serán plantadas.

Lo siguiente es preparar el área a reforestar; esto implica la limpieza y la preparación del sitio con diferentes tipos de prácticas; luego plantar los árboles, cuidando que el personal esté debidamente capacitado para ello. Es muy importante, además, definir la densidad a plantar, tomando en consideración la tasa de crecimiento o desarrollo de la especie y un porcentaje estimado de mortandad, todo ello para asegurar el establecimiento de un nuevo bosque. Como vemos, lograr una reforestación exitosa no es tarea fácil.

Cabría ahora preguntarnos si actualmente se destinan los suficientes recursos, y si se cuenta con la infraestructura y organización necesarias para asegurar la restauración de todas aquellas áreas que cada año se degradan por incendios, plagas o tala clandestina. Este tema lo analizaremos en la siguiente entrega.

oestradam81@hotmail.com