De acuerdo con el Instituto Nacional de Antropología e Historia, para los creyentes, la también llamada “Semana Mayor”, engloba una serie de actividades religiosas y costumbres gastronómicas milenarias, como que durante este periodo sagrado no se consume carne de res ni de puerco, lo que deriva en la realización de variados platillos con pescado y productos de origen vegetal, así como el consumo de cereales y leguminosas.
En el caso particular de Chihuahua, algunos de los platillos típicos son los chacales (granos de elote secados al sol y quebrados) que en sitios como Satevó se preparan con chile colorado y se comen acompañados de pan blanco, el cual también se usa para elaborar la capirotada; además, se cocinan habas, lentejas y orejones, que son calabacitas deshidratadas cocidas con chile, dulce y queso.
Son famosas también las torrejas dulces de membrillo deshidratado y las torrejas saladas de camarón seco molido en chile colorado, el caldo de pescado de río con chile, tomate y cebolla, así como el chile pasado con queso, acompañado de tortillas de maíz; como postre, no puede faltar la ensalada de calabaza.
Estos platillos, señala Ofelia Montes, originaria de Satevó, Chihuahua, son cocinados en familia, principalmente entre las hermanas, pero la elaboración del pan corre a cargo de los hombres. Ellos se encargan del pan dulce y blanco, molletes, empanadas y, por supuesto, de las harinillas de maíz crudo, conocidas por algunos como “harinillas para Judas”.
Ofelia recuerda cómo cuando era niña las catequistas del pueblo pasaban casa por casa a recolectar las harinillas para la quema de Judas; los niños hacían un mono y lo colocaban sobre palos, escribían una especie de testamento y le daban el nombre de alguno de los hombres del pueblo, a manera de juego:
Explica que ahora lo que se hace es renovar el fuego en Sábado de Gloria. Se ofrece una misa y terminando las familias comparten comida con la comunidad.