Las personas sordociegas (que pierden o nacen sin vista y capacidad auditiva) forman parte de una población "invisible", pues no hay datos precisos sobre cuántas personas tienen dicha condición en el estado.
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De acuerdo con el Informe de Evaluación de la Política de Desarrollo Social del Coneval, para 2020, el total de personas con alguna discapacidad era de 124 mil a nivel estado.
De dicha cifra, el 19.1 por ciento presentaba ceguera y el 14.1 se clasifican como sordos. Pese a lo anterior, la población sordociega no se encuentra en las distintas bases de datos oficiales.
En número absolutos, la población ciega en la entidad asciende a 23 mil 684 personas; en tanto que la población sorda es de 17,484.
En el estado, únicamente se puede obtener una cifra por el cruce de la cantidad de personas con discapacidad visual y auditiva, que suman 41,168 en total, aunque esta cifra no se puede tomar como real debido a que no se sabe si todas las personas con ceguera padecen algún grado de sordera y viceversa.
De acuerdo al Consejo Nacional para el Desarrollo y la Inclusión de las Personas con Discapacidad (Conadis) la información de personas sordociegas recabada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) podría ser capturada mejor a partir de instrumentos como el censo, o registros de población, ya que se alcanzarían niveles de desagregación más precisos por referir a una muestra de población mayor
El Día Internacional de la Sordoceguera se conmemora cada 27 de junio, con la intención de que las personas con esta condición sean reconocidas como parte de un grupo social que tiene los mismos derechos y oportunidades
La sordoceguera es una condición en la que se combina la deficiencia visual y la deficiencia auditiva, lo cual refiere a un tipo de discapacidad múltiple, ya sea parcial o totalmente.
En la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (Artículo 31, CDPD) y en la Ley General para la Inclusión de las Personas con Discapacidad (capítulo VII) se ha establecido la importancia de la recopilación de datos e información estadística en materia de discapacidad.
*Necesaria inclusión en la práctica
María Isabel Villalobos Rodríguez, quien se desempeña como auxiliar de oficina de la Jefatura de Servicios Jurídicos del IMSS en esta ciudad, aprendió lengua de señas pese a no ser sorda ni muda, pues dijo es necesaria la inclusión en la práctica.
“No es solamente aprender señas, es agudizar los sentidos, los gestos, la vista periférica para aprender todo un entorno totalmente distinto e interesante”, afirmó.
Ella aprendió en el Instituto de Lengua de Señas Mexicanas, donde actualmente es maestra y donde hace dos años se capacita para ser intérprete. “Primero se inicia con el aprendizaje del idioma y cuando se domina, se comienza la capacitación para ser intérprete. Se tiene que escuchar, procesar la información para luego transmitirla, que finalmente es complicado”.
Hace cinco años María Isabel, quien tiene una Licenciatura en Educación Física y una Maestría en Psicopedagogía, aprendió por “curiosidad” la lengua de señas mexicana, sin embargo posteriormente se dio cuenta de que no es nada más una forma de comunicarse, sino que engloba todo el entorno de la persona sorda, como sus costumbres y su cultura.
Para ella es importante que la población en general, pero sobre todo quienes brindan un servicio, ya sea público o privado, aprendan la lengua de señas; es decir, en pocas palabras: incluyan, atiendan y apoyen a la población sorda.